Imacec en rojo y desempleo al 8,9%: el voluntarismo no reactiva
Mientras el gobierno empuja su Plan de Reconstrucción Nacional, la economía real volvió a decir otra cosa: el Imacec de marzo cayó 0,1% y el empleo sigue mostrando un mercado frágil.
Hay una disonancia cada vez más evidente entre la épica del anuncio y la sequedad de los datos. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, defiende con urgencia una hoja de ruta de reactivación de gran escala. Pero el tablero no muestra despegue. Muestra fatiga.
Según el Banco Central, el Imacec de marzo cayó 0,1% frente al mismo mes del año pasado. La producción de bienes retrocedió 5,2%, arrastrada por el peor desempeño de la minería y de la industria. No es una anécdota: es el tercer retroceso anual consecutivo y confirma que la actividad sigue sin encontrar tracción.
El problema es que buena parte de la discusión pública sigue girando en torno a la arquitectura del plan, no a los obstáculos concretos que frenan la inversión y el trabajo. Se habla como si bastara apilar subsidios, incentivos y anuncios para convencer a la economía de crecer.
La calle, en cambio, entrega un diagnóstico menos solemne y más brutal. El INE informó una desocupación de 8,9% en el trimestre enero-marzo. En mujeres llegó a 10%. La ocupación informal, además, se ubicó en 26,5%.
Es difícil leer esos números y concluir que el problema es solo de expectativas. Cuando la formalidad se vuelve cara, lenta o incierta, miles de personas terminan haciendo lo único que pueden hacer: arreglárselas por fuera del sistema. La informalidad no aparece por capricho. Aparece cuando el marco institucional deja de ayudar y empieza a estorbar.
En paralelo, el Banco Central mantuvo la Tasa de Política Monetaria en 4,5% a fines de abril. El mensaje fue claro: el escenario externo sigue incierto y las presiones de costos no dan mucho espacio para alivios rápidos. Traducido al castellano simple, tampoco habrá un salvavidas monetario que compense por sí solo la parálisis doméstica.
Por eso la obsesión con los parches resulta tan tentadora como estéril. Se discuten amortiguadores para las bencinas, reajustes por decreto y nuevas capas de intervención para apagar el incendio de la semana. Todo eso puede rendir políticamente. Lo que no hace es resolver por qué producir, contratar e invertir sigue siendo una carrera cuesta arriba.
La reactivación no necesita una épica más grandilocuente. Necesita un Estado menos torpe con quienes todavía quieren abrir un negocio, ampliar una faena o contratar formalmente. Si ese cambio no llega, el megaproyecto seguirá siendo eso: una ilusión redactada con mayúsculas, pero incapaz de mover la realidad.
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